Ante mí resplandecía
como un astro brillador,
y mi loca fantasía
al fantasma seductor
tributaba idolatría.
Escuchar pensé su acento
en el canto de las aves;
eran las auras su aliento
cargadas de aromas suaves,
y su estancia el firmamento.
¿Qué extraño ser era aquél?
¿Era un ángel o era un hombre?
¿Era un Dios o era Luzbel?...
¿Mi visión no tiene nombre?
¡Ah!, nombre tiene... ¡Era él!
...
Del genio la aureola, radiante, sublime,
ciñendo contemplo tu pálida sien,
y al verte, mi pecho palpita y se oprime,
dudando si formas mi mal o mi bien.
Que tú eres, no hay duda, mi sueño adorado,
el ser a quien tanto mi pecho anheló;
mas ¡ay! que mil veces el hombre arrastrado
por fuerza enemiga, su tumba buscó.
Gertrudis Gómez de Avellaneda
Escritora cubana, nacida en Camagüey, de delicada inspiración; fue, además, autora dramática y novelista. Sus obras se discutieron
el primer y segundo premio, a la vez, en los Juegos Florales más selectos de Madrid. De una gran preocupación formal, su poesía
mantiene a menudo formas neoclásicas pese a ser claramente romántica. Sus primeras novelas y piezas teatrales se
encuadraban dentro del género histórico, tan de boga en el momento. Una crisis religiosa le inspiró, al final de su vida, el
Devocionario (1867), en el que alterna la prosa y el verso.
Entre sus obras teatrales destaca el drama
Baltasar (1858), y la tragedia
Saúl (1849.) Entre sus
novelas,
Sab (1841), que es un sentimental alegato antiesclavista y
Guatimozin (1847), considerada generalmente
la primera novela indianista.
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